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MIENTRAS ARDÍA FUKUSHIMA

Mientras ardía Fukushima,
mi pene se adentraba en tu boca.
[Todo calor encuentra vías de entrada
y de salida]

Mientras ardía Fukushima,
mi lengua bordeaba tu sexo,
como un pintalabios carnoso.

Mientras ardía Fukushima,
y la gente masticaba el peor de los finales,
nuestros cuerpos se re-lamían,
Y re-creaban, un signo de infinito
      [∞]

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Y somos música.

Ruidos que vibran en cuerpos que jamás se tocan.

Es el ansia de estar dentro
lo que provoca al beso mojarse.

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Mira González


PUEDO LEER UNA NOVELA EN VOZ ALTA MIENTRAS TE TUMBAS EN EL SUELO CON LA CABEZA SOBRE MI ORDENADOR Y PODEMOS SENTIRNOS FELICES PORQUE NOS TOCAMOS EL UNO AL OTRO Y ESTOY USANDO MI VOZ Y NO TENEMOS QUE PENSAR EN EL CAMBIO CLIMÁTICO O EN LA MUERTE


me bebí una botella de vino y me tomé un sedante
sentí arrepentimiento anticipado por el futuro inmediato
mientras lo hacíamos en el suelo
hice ruidos con mi boca
y vi dibujos animados en la tele
pensé "las estrellas porno se sienten tristes"
"yo me siento triste"
te besé una vez y tuve conciencia de mi misma y paré de besarte
te vi quedarte dormido en mi cama
desearía que fueses una persona concreta
anduve alrededor de mi casa a las 4 de la madrugada
o soñé que andaba alrededor de mi casa a las 4 de la madrugada
mi gato expresa decepción e irritación y otras emociones
noté detalles extraños en mi cuerpo desnudo frente al espejo del baño
no podía sentir ni mover uno de mis pulgares
toqué mi clavícula en el lugar donde un cardenal se formaría al día siguiente
toqué cosas en la cocina
granos de café, brotes de alfalfa, la encimera, arroz integral de grano corto
imaginé la cara de una persona concreta e intenté llorar
me imaginé enrollando mi cuerpo entero alrededor de la pierna de esa persona
pensé en 100 grados de temperatura y en fábricas que producen pasta integral



Del libro: "I will never be beautiful enough to make us beautiful together"

Editorial: Sorry House

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SOUR CREAM PEACH PIE RECIPE


Los chicos del norte sois distintos

no tenéis casi pelo en el cuerpo.

Vuestra piel es medio rosa

y una pequeña pelusa de bello rubio

cubre todo cara, lóbulos, culo

como pequeñas laceraciones

de luz.

Parecéis melocotones.

Vuestro pene es también medio rosa

y suele ser bonito. Me gusta. Es dulce en la boca.

Me queréis desde vuestra piel

de melocotón.

Dulces manos hombres que venís del frío norte.

Tenéis culos y piernas bonitas, firmes

como los que veo en las películas.

Todas las chicas de mi país

queremos probaros alguna vez.

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Anónimo


Medianoche. El calor es pegajoso y el silencio zumba antes del asalto de las ranas y los pájaros, y tienes los ojos cerrados pero notas la mirada de Cole, notas sus ganas y se te hace un nudo en la garganta. Vuestra relación funciona de maravilla en casi todos los aspectos, salvo en el sexo.

Pero no te casaste con Cole para eso.

Una lengua aterriza en tu ojo, pesada, húmeda y pegajosa. Tu marido aparta la sábana que se aferra recalcitrante a tus piernas y trata, insistentemente, de separarte los muslos con la rodilla. Tiene que hacer el amor según sus condiciones, o sea, poco. Soléis hacerlo por la mañana para aprovechar que la tiene dura al despertarse. Muchas veces el pene de Cole no está lo bastante duro, como si tuviera la cabeza, la del pene, en otra cosa. No eyacula muy a menudo. Los dos soléis dejarlo antes de que él se corra y por tu parte siempre con alivio. Te preguntas si Cole padece alguna enfermedad que le retrasa tanto el orgasmo, o si tiene la libido floja, o si sólo es cansancio. Como te pasaba a ti, y mucho.

Mientras tienes a Cole encima en esta cama inmensa, miras cómo los números de la radio despertador van indicando el paso de los minutos, y piensas en Marilyn Monroe cuando dijo aquello de Yo no creo que lo haga correctamente; lo leíste un día en el periódico, sorprendida y aliviada a la vez: menos mal que había otra, y qué otra. No estás segura de que Cole lo haga correctamente, no sabes qué significa eso. Theo lo sabría porque es sexóloga y tiene una consulta en Knightsbridge y escribe una columna en una revista. Sospechas que os encuentra inocentes, ridículos y simpáticos. Cole y tú nunca habéis hecho el amor dos veces seguidas, no habéis volcado lámparas y jarrones, ni os habéis tirado del pelo. Cuando hacéis el amor, si toca, podríais calificaros el uno al otro como pulcros.

Los números de la radio despertador tardan demasiado en cambiar y tú sigues tumbada en la cama, con tu marido encima. Algo se ha deslizado muy dentro de ti. No hacéis el amor a menudo; has leído artículos en revistas femeninas sobre la frecuencia con que lo hace la mayoría y siempre te parece mucho. Pero con esto del sexo nadie es del todo sincero.

Pasan trece minutos de las doce. Cole ha eyaculado. Cosa rara. Te embadurna los pechos de semen, las mejillas y la frente también, como si te manchara de sangre. Está contento. Tú también. Quizá ha funcionado esta vez. Cole enciende la lamparita de noche para evaluar los efectos en las sábanas y demás; siempre hace igual, quiere que todo esté limpio lo antes posible, odia el pringue.


Del libro: "La novia al desnudo"

Editorial: Alfaguara

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LA PUTA

Me hice puta para no dormir sola. Mi angustia le cuesta muy cara a los hombres. Pagan porque saben que les amo con locura y que estaría dispuesta a morir por cada uno de ellos. Saben que siempre estoy a punto de matarme. Llaman al día siguiente para asegurarse de que lo he hecho, pero al escuchar mi voz pagan otra noche más por la moribunda. Les digo: te quiero. Te quiero. Y de nuevo se hunden furiosamente en la agonía y en la obsesión. Después yo duermo, como si me llenaran poco a poco de agua templada. Ellos se quedan por si me entran ganas de morirme y me muero. Desde que me hice puta puedo soñar que tengo una mancha amarilla y caliente en la nuca: es el sol, es un sueño precioso. Antes no soñaba. Desde que me hice puta me gusta el invierno porque las noches son más largas y así reviento de amor durante más horas y me calientan la nuca más soles. Me regalan cuchillos, tijeras, espadas, cordones de seda, vidrios rotos, serpientes. La ofrenda ya me llega a las rodillas. Es imposible entrar en mi alcoba sin herirse con algún filo o algún veneno. Aún así no dejan de entrar. Y yo me enamoro. Creo que soy rica. Si lo hiciera gratis a nadie le importaría mi pasión ni mi vida. Y dormiría muy sola. Hasta que me hice puta con la rapidez del que corre al retrete aguantando los orines. No soy bella. Desde que me hice puta y pagan por mirarme mientras sufro, me he convertido en la mujer más bella del mundo. (...)


De la obra de teatro: "Dolorosa", 1994

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Khalil Gibrán


LA RAZÓN Y LA PASIÓN


Y la sacerdotisa habló de nuevo: Háblanos de la razón y de la pasión.

Y él respondió, diciendo;

Vuestra alma es, a veces, un campo de batalla sobre el que vuestra razón y vuestro juicio van contra vuestra pasión y vuestro apetito.
Desearía poder ser el pacificador de vuestra alma y cambiar la discordia y la rivalidad de vuestros elementos en unidad y melodía. Pero, ¿cómo lo haré a menos que vosotros mismo seáis también los pacificadores, no, los amigos, de todos vuestros elementos?
Vuestra razón y vuestra pasión son el timón y las velas de vuestra alma viajera.
Si vuestras velas o vuestro timón se rompieran, no podríais más que agitaros e ir a la deriva o permanecer inmóviles en medio del mar. Porque la razón, gobernadora sola, es una fuerza limitadora, y la pasión, desgobernada, es una llama que se quema hasta su propia destrucción.
Por lo tanto, haced que vuestra alma exalte a vuestra razón a la altura de la pasión, para que cante.
Y dirigid vuestra pasión con el razonamiento, para que ella pueda vivir a través de su diaria resurrección, y, como el ave fénix, se eleve de sus propias cenizas.

Desearía que consideráseis vuestro propio juicio y vuestro apetito como dos queridos huéspedes.
No honraríais, con seguridad, a uno más que al otro: porque quien es más atento con uno de ellos pierde el amor y la fe de ambos.

Entre las colinas, cuando os sentéis a la sombra fresca de los álamos, compartiendo la paz y la serenidad de los campos y praderas distantes, dejad que vuestro corazón diga en silencio: Dios descansa en la razón.
Y, cuando llegue la tormenta y el viento poderoso sacuda el bosque, y los truenos y relámpagos proclamen la majestad del cielo, dejad a vuestro corazón decir sobrecogido: Dios se mueve en la pasión.
Y, ya que sois un soplo en la esfera de Dios y una hoja en el bosque de Dios, deberiáis descansar en la razón y moveros en la pasión.


Del libro: "El profeta"

Editorial: Fontana